La noticia del resultado no negativo del joven ciclista argentino Maximiliano Richeze tras su victoria en una carrera francesa de abril pasado fue un verdadero shock. Es que a sólo un día de su presentación en el Giro de Italia de mayo, nadie esperaba semejante baldazo de agua fría porque la ilusión era que este año lograra conquistar la ansiada primera victoria para Argentina en la historia de esta competencia, la segunda más importante del mundo detrás del Tour de Francia.
Mario Sábato - Prejuicios
martes 1 de julio de 2008
La noticia del resultado no negativo del joven ciclista argentino Maximiliano Richeze tras su victoria en una carrera francesa de abril pasado fue un verdadero shock. Es que a sólo un día de su presentación en el Giro de Italia de mayo, nadie esperaba semejante baldazo de agua fría porque la ilusión era que este año lograra conquistar la ansiada primera victoria para Argentina en la historia de esta competencia, la segunda más importante del mundo detrás del Tour de Francia.
Publicado por Nacho Uzquiza en 17:42 3 comentarios
Sergio Barbui - Los bielsistas
martes 24 de junio de 2008
Por empezar, dentro de la cancha, lo de Bielsa no es innovador. Tácticamente toma una idea prestada de lo que fue el genial Ajax de Van Gaal de mediados de los 90. De hecho, en sus escasas entrevistas, Bielsa lo reconoció. Además, en cuanto al juego omite un factor clave del fútbol, como lo es la elaboración. Ningún equipo del rosarino se caracterizó por tener alto vuelo con la pelota, ni siquiera en la Selección donde contó con jugadores para hacerlo.
Se puede decir que sus planteos suelen ser ofensivos, que siempre busca abrir la cancha, pero no se puede afirmar que sus equipos llenan los ojos de buen juego. Quizás, la Selección olímpica cumplió con este requisito, tradicional en el fútbol vernáculo, pero el poco fuste de los rivales (sólo Italia fue oposición) hace que todo sea relativo, por más que este logro dorado sea el único bastión con el que los bielsistas intenten justificar su paso por la celeste y blanca como exitoso, hecho que no resiste mucho análisis.
Es decir, futbolísticamente, la corriente bielsista no tiene justificación alguna. Es que el Menottismo se sabe que es el gusto por el fútbol bien jugado, a pesar que en la Argentina se jugaba bien mucho antes que naciera Menotti, pero el Flaco encolumna a los bohemios de este deporte. El Bilardismo se sabe que es el tacticismo rígido, la pelota parada, la marca personal y el bidón, que posee como seguidores a la mayoría de los oportunistas y acomodaticios. Ambos, a su manera conquistaron los dos únicos mundiales para Argentina y por eso crearon escuelas. Los dos (sobre todo Menotti) pasaron y fueron tentados por clubes europeos, mientras que a Bielsa en su reclusión entrerriana sólo le llegaron sondeos vía mail de San Lorenzo e Independiente y recaló en Chile, una selección de segundo orden continental.
Ahora, el bielsismo ¿Qué es? Las principales virtudes que esgrimen sus adoradores son la honestidad y rectitud. De esto no caben dudas, aunque no deberían ser cualidades para destacar, sino obligaciones para alguien que ocupa un puesto donde a su cargo está el destino de varios futbolistas. Además, el no conceder entrevistas no tendría que ser algo destacable para un periodista.
Sin embargo, los bielsistas se empecinan en defender y realzar a alguien que fue partícipe directo de la frustración más grande de la Argentina en un Mundial (el 2002 superó claramente a Suecia 58) y que donde va muestra enfrentamientos con la prensa. Un tipo que suele tener gesto adusto en una cancha de fútbol, lugar donde deberían prevalecer las sonrisas. En definitiva un intento de escuela en la que no sabe que se estudia. De todos modos, los bielsistas son gente recuperable y todavía están a tiempo de avivarse.
Publicado por Nacho Uzquiza en 15:51
Etiquetas: Sergio Barbui
Mariano Zabaleta - Dicotomías
martes 17 de junio de 2008
(*) Por Mariano Zabaleta
La pregunta que organizó el texto que hoy presento pareciera ser aún más antigua que aquella que motiva discusiones filosóficas sobre la precedencia del huevo o la gallina. Esa pregunta circula en la reflexión de muchos periodistas pero, aún más, en la cabeza de la mayoría de los deportistas: el crítico vs. el jugador; el “observador” frente al “actor”.
Escuchar al ciudadano cotidiano criticar a un director técnico, futbolista, tenista, o el deporte que estuviere de turno, despierta simpatía, discusión. ¿Qué sucede con eso cuando lo amplificamos en los medios de comunicación? El taxista, el tío, el compañero de trabajo que opina sobre deporte posee un discurso fragmentado, subjetivo, con un auditorio acotado. El periodista que asume el rol de observar y comunicar debería caer en la cuenta de esa misma fragmentación: estamos mostrando solo una porción de la realidad, que, por el poder del medio que nos contiene, forma opiniones, catapulta o manda bajo la alfombra carreras completas.
Hacer un giro y trasladar la reflexión hacia el periodismo no es limitarlo, ni censurarlo, sino, pues, es interrogarlo, pensarlo, sacudirlo un poco para decantarle sus propias miserias o mezquindades. Tal vez, la meditación sobre lo que se dice, lo que se comunica, logre, de una vez por todas, hacer del periodismo algo en sí mismo y no un parásito que vive del que “actúa”.
Mariano Zabaleta, tenista de renombre e historial, justamente desde el otro lado, tomó este cúmulo de cuestionamientos, pensó la dicotomía “periodismo vs. jugadores” y desplegó, para responderla, su anecdotario personal:
Tuve la posibilidad de desempeñarme profesionalmente en un deporte tan lindo como es el tenis, que me llevó competir con los mejores jugadores el mundo.
Desde este lugar, el de la ‘experiencia’, intento hacer una reflexión acerca del periodismo, sobre cómo se refiere cuando hablan de los tenistas, sobre su desempeño. Por lo menos puedo hablar desde mi naturaleza, mi lugar, desde ‘adentro’ y por todo lo que, durante estos años, he escuchado, visto y leído. Hay periodistas que saben mucho más que otros, o puedo notar que están mejor capacitados o tuvieron la posibilidad de ‘ver’ más; también los hay deportistas y otros que nunca jugaron algún deporte...
Cada uno de ellos, con menor o mayor contacto con el ‘hacer deporte’, tiene que informar de lo que esta viendo y opinar con lo que piensa. Sin embargo, en este país, la mayoría opina ligeramente para mi gusto. Me cuesta mucho escuchar cuando un periodista de tenis está hablando con tanta seguridad y tanta soberbia, sin lugar a la duda, cuando, del otro lado, está el deportista al que le pesa una historia de sacrificios y, como en mi caso, una historia de juego desde los 12 años, rompiéndome el culo. Sé que es una tarea difícil estar del otro lado, contar lo que se está viendo. Pero al mismo tiempo estoy yo, estamos nosotros ejerciendo, que miramos desde otro ángulo lo que se dice. Escuchar el comentario ‘fácil’ y poco responsable, muchas veces erróneo y en algunos casos, falsos, cayendo en la cuenta que está tan equivocado en todo, lástima, desalienta, hace que me interrogue el por qué esto se cuenta tan alejado de la verdad, por qué es necesario mentirle a la gente. Muchas veces resulta algo difícil de soportar.
Tal vez, que el periodista le dé ‘duro’ a algún deportista porque se desempeñó mal, está bien, supongo que es parte del juego, es parte de todo: unos juegan y ellos opinan, es su trabajo. Del otro lado están los nervios, el entrar a la cancha, correr, saber que tenés que desenvolverte bien porque hay público que así lo espera, a la vez satisfacerse a sí mismo con su propio juego... todo eso está de fondo y presente cada vez que se sale a la cancha. Y ese todo, a veces, queda simplificado en el discurso de algún comunicador facilista que lo resume en una mala acción, alguna mala racha, algún error inevitable. Si jugás mal, el periodista de experiencia reflexiona, lo ve en conjunto, pero el mediocre hasta puede tomárselo como algo personal, increpando a jugador, demostrando su superioridad por tener tiempo y aire. Eso es lo lamentable.
Un caso reciente, por ejemplo, es el de David Nalbandian. El muchacho se encuentra en el puesto número 8 del mundo, viniendo de un puesto 3 en el que estuvo un tiempo; ganó mucho y, personalmente, considero que es un genio jugando al tenis. Pero, hay que escuchar a mucha parte del periodismo que dice: ‘David no tiene ganas de ser número uno, a David no le importa nada, vive de joda, no le importa el tenis porque se va a un rally’. Eso no es critica deportiva, profesionalismo, quién sabe qué es... Es pasar por sobre el cansancio del jugador, entrometerse en su vida privada, en sus elecciones privadas.
Por otro lado, estuvo la experiencia en la Copa Davis de Málaga en el año 2003, donde participó el equipo compuesto por Gastón Gaudio, Agustín Calleri, Lucas Arnold y yo. Argentina tenía un gran problema: jugar una semifinal en España con dos titulares fijos lesionados (Coria y Nalbandian), contra un gran equipo y con un estadio lleno en contra... Por los problemas físicos de nuestros compañeros nos tocó ir a nosotros y Argentina jugó con lo que tenía y como pudo. Tras algunas derrotas nuestras, toda la presión y el punto decisivo quedó sobre los hombros de Gaudio, que, lamentablemente, no pudo obtenerlo. Ese momento fue una de las peores vivencias que tuve con el periodismo: sin tener en cuenta las victorias previas, Gaudio fue defenestrado con mentiras, mientras todos nosotros estábamos en ese vestuario procesando el haber perdido en una instancia tan importante, luego de haber estado tan cerca.
Lo más paradójico de todo esto fue lo que sucedió luego: Gaudio gana, ese año, Roland Garros, el torneo más difícil de ganar en la historia de los tenistas. Los mismos periodistas que habíamos escuchado que descuartizaban la figura de Gaudio, alababan su persona, tratándolo de genio y que ‘siempre habían pensado que podía levantarse así...’ Sin palabras.
Desde una experiencia aún más personal, puedo recordar aquella vez que jugué con Marat Safin. Me encontraba en uno de mis mejores momentos y mi contrincante era aún joven. Entre a la cancha y, literalmente, no vi la pelota, me mato a pelotazos. Cuando volví a la Argentina tenía el video del partido y lo mire porque dentro de la cancha me había parecido increíble como había jugado el tipo. En ese momento, escucho que el comentarista se quejaba de cómo yo iba a perder con Safin, ya que no jugaba bien, que no tenía cabeza para jugar en profesionales... Luego con el tiempo se demostraría que el ruso es uno de los mejores jugadores de la historia del tenis.
Tengo la sensación que hay periodistas que tienen ganas de hacer daño a los deportistas, como si todo este asunto fuera algo “personal”. Hay algunos que solo se ocupan de hablar mal de los jugadores cuando se desempeñan mal, con lo difícil que es hacer cualquier deporte a nivel profesional. El jugador es un ser humano, no una máquina detrás de una pelota. Con él se arrastra, a la cancha, todo lo que su humanidad implica: su vida, sus problemas, su idiosincrasia entera. He visto a colegas salir a la cancha con dificultades extremas y problemas de gravedad, jugar y hacer lo que se puede. Después de eso, es difícil escuchar con qué facilidad se opina de lo que no se sabe.
Muchas veces la crítica salió a defender al jugador: de ello es testigo Gaudio. Era de conocimiento público que Gastón estaba pasando un mal momento. Con él, actuaron noblemente y eso no se puede negar. Primó la persona por sobre el jugador. Lo lamentable es que estas situaciones son las menos frente a las otras.
El exitismo en el periodismo hace estragos. Eso queda en evidencia y Roland Garros o la Davis son ejemplos de ello. El juego queda medido solamente por el éxito y la comparación; los años de historia que los tenistas argentinos tienen en este certamen quedan empañados por no obtener la copa. Se debería ser mas flexible a la hora de hablar y analizar el por qué no se llega a las circunstancias finales, pensarlo más humanamente para construir el deporte desde otro lugar, en lugar de destruirlo.
(*) El autor es tenista profesional.
Publicado por Nacho Uzquiza en 7:19 23 comentarios
Etiquetas: Mariano Zabaleta
Jorge Viale - Mayo del 68 en Roland Garros
martes 10 de junio de 2008
Los aeropuertos de París no funcionaban… Bruselas era la única alternativa válida para llegar a París… Los tenistas que se anotaron para participar en mayo del 68 de la 40ª edición del Abierto de Francia en el Stade Roland Garros arribaban a la capital en un momento particular en la Historia misma, así, en mayúscula: un movimiento estudiantil y sindical reclamaba libertad educativa, sexual, cultural; jaqueaba el liderazgo de Charles de Gaulle, se convertía en objeto político con peso propio y exigía mejoras en las condiciones de vida que permitía la bonanza de posguerra.
La dificultad del traslado tuvo su efecto en el campeonato: en la primera ronda del torneo, varios tenistas ganaron por ausencia de un rival que no pudo llegar a horario. A otra escala, la competencia también vivía un momento especial: comenzaba la Era Abierta del tenis, los profesionales se juntaban con los amateurs. Por ejemplo, un profesor de tenis podía enfrentar en primera ronda a Ion Tiriac, por ejemplo… El torneo ofrecía un premio millonario para la época: 100.000 francos a repartir. Ubicado en el sudoeste de la ciudad, Roland Garros era una isla a orillas de la ciudad convulsionada.
“Mayo del 68, de alguna forma, también contribuyó al éxito de Roland Garros. Muchos estudiantes salían a protestar y, por la tarde, se trasladaban a la zona del bosque (Bois de Boulogne) para seguir los partidos”, cuenta Dominique Bonnot, docente y periodista del diario deportivo francés L’Equipe. Pese a la escasa cobertura periodística por motivos evidentes, alrededor de 120.000 espectadores se acercaron a presenciar el torneo, que tuvo como ganadores a Nancy Richey, amateur, y Ken Rosewall, quien venció a Rod Laver en el choque de profesionales australianos. Las fotografías de la época muestran un estadio más pequeño que el actual, con gente observando la acción incluso desde los techos de las tribunas. Los ganadores recibieron copas pequeñas, poco comparables a los trofeos gigantes que reciben hoy.
El particular momento que vivían los parisinos había obligado a los tenistas a alojarse cerca del club. Rosewall paró en la casa de Philippe Chatrier, ex tenista que da el actual nombre al estadio principal de París. Debido a la huelga del transporte público y la escasez de gasolina por el desabastecimiento, los tenistas llegaban a Roland Garros como podían: en grupo en auto, otros caminando o en bicicleta, como el danés Torben Ulrich, uno de los mejores amigos de Guillermo Vilas, padre de Lars, el baterista de la banda de rock Metallica. A Torben se lo podía ver con el bolso y las raquetas en su espalda, pedaleando la bici alquilada, como cualquier adolescente que va a pelotear al frontón del club.
La situación social provocó una situación curiosa en Roland Garros: el 8 de junio de ese año, mientras el británico Mark Cox y el húngaro Istvan Gulyas jugaban en la cancha central, la mayoría de los espectadores miraba tenis y escuchaba la radio al mismo tiempo: el general Charles de Gaulle ofrecía el discurso en que anunciaba que disolvería la Asamblea Nacional y convocaría a elecciones, en el intento por restablecer el orden.
“No me liberen, yo me encargo de eso”, “No tomen más el ascensor, tomen el poder”, “Sean realistas, pidan lo imposible” eran algunos de los tantos slogans de batalla que mostraban las paredes del Barrio Latino, epicentro de la revuelta. Hoy, los carteles aparecen reproducidos en afiches para turistas en el mismo Quartier Latin y demás barrios de París.
Sentado en una oficina en el norte de la ciudad, el ex tenista, cantante y activista social Yannick Noah reflexiona: “Queda poco del espíritu de Mayo del 68. Mira a quién tenemos en el poder, Sarkozy, que es un desastre. A veces, pienso que los franceses necesitamos el accidente… Le dices a un niño: “Cuidado, vas a quemarte”, se lo repites, e igualmente va y se quema…”.
Campeón de Roland Garros 83, elegido el personaje más popular de Francia según una encuesta realizada a fines de 2007 por el diario Journal du Dimanche, Noah había apoyado a la candidata socialista en las elecciones que consagraron a Sarkozy. El ex tenista no se queda en la crítica: en pocas horas más dará un recital en el Zenith, una especie de Luna Park inmenso ubicado al noreste de París, a beneficio de Enfants de la Terre, una organización que ayuda a niños en situación de emergencia.
(*) El autor es periodista
Jorge Viale
El escritor tiene la autoridad de explayarse sobre el Abierto Francés por dos cuestiones: fue testigo privilegiado de varios certámenes, a través de sus coberturas para el diario Olé y, por otro lado, por ser un amante del deporte blanco. Actualmente, además del diario deportivo, colabora para diversos medios internacionales. Además es el dueño, editor y redactor de fuebuena.com.ar, la página más interesante y confiable del tenis de nuestro país. Lo conozco desde mi paso por Olé, cuando se curtía periodísticamente de la mano del gran Gustavo "Porrón" Goitía. Jorge es buena gente, en un ámbito difícil, parecido al deporte, donde prima el egoísmo y la competencia. Él, sin embargo, siempre estuvo dispuesto a darme una mano. Sin dudas, es de los mejores en el rubro y agradezco sus letras que llegan desde París, donde se encuentra cubriendo el Roland Garros.
Publicado por Nacho Uzquiza en 11:49 1 comentarios
Etiquetas: Jorge Viale
Pablo Lanseros - Cuando sólo se trataba de fútbol
martes 3 de junio de 2008
Todos los botines eran negros. Todos los domingos se almorzaban fideos con tuco. Todos los partidos se jugaban el domingo a las 15.30. Y se escuchaban con los relatos de José María Muñoz o Víctor Hugo Morales (se podía entrar a la cancha con la radio). Todas las camisetas eran Adidas, salvo la de Independiente. Todos quisimos que el tiempo se detenga y se quede para siempre en la maravillosa década del 80 futbolera.
¿Quién no se sintió Diego Armando Maradona cuando pateó “la Tango” por primera vez?¿Quién no se imaginó un durísimo defensor de la Primera B al rechazar de cabeza una Pintier? ¿Quién no fue “pibe cancherito” al calzarse los Fulvencito?¿ Y quién no simuló jugar “a la concentración” enfundados en las míticas Adilets?
Los jugadores eran próceres. Leyendas vivientes. Y los héroes de equipos chicos despertaban mayor admiración. Vidal González de San Martín de Tucumán enmudeció a toda la Bombonera. Raúl Edmundo Wensel hizo lo mismo, pero en el Monumental y con la camiseta de Deportivo Armenio. Gabriel Alejandro Nannini y el Pampa Gambier agigantaban el orgullo calamar de ser de Primera año tras año. Pedro Catalano y el Puma Rodríguez dos baluartes del Español que en los 80 le ganó a todos los grandes.
¡Como se extrañan los campeonatos largos! Nunca más escuchamos decir: “la vigésimo sexta fecha”. Y mucho menos preguntar: “Che, ¿quién queda libre la fecha que viene?”. Siento nostalgia por aquellas Liguillas Pre-Libertadores que siempre tenía partidos los miércoles a la tarde. Y que era por lo único que el viejo nos dejaba faltar a la escuela. Si no se estudiaba, joda. Pero para ir a la cancha (con él) el permiso siempre estaba.
La tapa de El Gráfico era tema de debate en el colegio el lunes por la mañana (recién se conocía el domingo por la noche). Ásperas discusiones sobre si la tapa era correcta o incorrecta. No faltaban las conjeturas sobre el marketing empleado por la revista. Y eran los hinchas de Boca y River los que siempre se veían beneficiados.
Retrocedo veinte años y mis dedos se manchan de tinta. El papel es duro, pero la información es deliciosa. La devoro. La leo de la primera página hasta la última. Analizo el resultado moral de todos los partidos desde la A hasta la D. Miro con atención la tabla de primeros y segundos tiempos. También repaso la tabla de local y visitante. La tabla moral, la de las reservas. Los goles de cabeza, de zurda, de derecha, de penal, de tiro libre, los goles en contra, los goles marcados por delanteros, defensores y volantes. Maravilloso. La siento en mis manos. La gloriosa revista SOLO FÚTBOL.
Julio Ricardo, Adrián Paenza, Marcelo Araujo, Fernando Niembro y el glorioso hombre del moñito Dante Zavatarelli conformaban la mesa redonda del inigualable “Todos los Goles” que emitía canal 9. Partidos grabados a una sola cámara y con cientos de impedimentos técnicos. Sin embargo nadie podía irse a dormir sin verlo. Los partidos provenientes del interior tenían siempre dos inscripciones en la pantalla. La primera “Vía Coaxil” y la segunda “Fallas de Origen”. Era un clásico. Y siempre con el comentario de los periodistas en el piso. En vivo. Inigualable. Pero lo mejor de ese programa no eran los goles. No eran los periodistas. No era el sorteo de la camiseta de tu equipo favorito. Eran las caricaturas de Luis Ordóñez, que en las dos horas que duraba el programa retrataba a la figura de la fecha. Recuerdo la caricatura de Rubén Darío Insúa y me emociono.
Pero “Todos los Goles” llegó a su fin. Y nació “Fútbol de Primera”. Muy distinto al actual. Un sobrio Mauro Viale relataba formidablemente el partido más importante de la fecha. “Va, va, Medina que le peeegaaaaaaa”, solía decir ante los furiosos remates del Mencho (casi siempre a la tribuna). El campo de juego estaba cubierto por Horacio de Bonis, encargado de hacer la pregunta que todos soñamos hacer con un micrófono: “¿Quién mueve?” Las respuestas las tengo grabadas. Eran: “Muevo yo Mauro, Comas”, “Muevo yo Mauro, Centurión”, “Muevo yo Mauro, Perazzo”, “Muevo yo Mauro, Walter Fernández” y “Muevo yo Mauro, Franco Navarro”. Ni hace falta que aclare los equipos.
La magia de esos años no volverá. Eso es seguro. Nada nos emocionará como nos emocionábamos en esos tiempos. Nada será tan maravilloso y nada nos conmoverá de la misma manera. Pasaron veinte años. Nosotros no somos los mismos. El fútbol no es el mismo.
(*) El autor es periodista.
Pablo Lanseros
Es un placer charlar con Pablo de fútbol. Pasa por detrás mío en el trabajo y siempre tira un comentario que se convierte en una discusión, en un recuerdo, una polémica. Un tipo simpático, agradable y amante del fútbol y de su querido San Lorenzo de Almagro. Productor periodistico. Actualmente es el productor ejecutivo del noticiero Prime Time de C5N. Trabajó en Todo Noticias, Canal 13 y Radio El Mundo. Es docente de la escuela de periodismo deportivo DeporTEA. Hincha y socio del Ciclón. Una columna entrañable y llena de memoria que gratifica a todos los que vivimos esa época donde, cómo explica el título, sólo se trataba de analizar el deporte.
Publicado por Nacho Uzquiza en 11:01 8 comentarios
Etiquetas: Pablo Lanseros
Waldemar Iglesias - Maestros sin pizarrón
martes 27 de mayo de 2008
Un autor desconocido escribió lo que sigue:
Quisiera hoy detenerme
Para hacer un homenaje
A ese ser tan importante
Que modifica la vida
De quien lo encuentra y transita
Con dolor, con alegría
A través de su faena.
Es el principio de un poema titulado "Maestro", una suerte de tributo a todos aquellos que de algún modo recorrieron --incluso sin pretenderlo-- tal camino.
Fui al colegio San Román, en Belgrano, desde Jardín de Infantes hasta quinto año. Tuve docentes a los que quise, a los que valoré y a los que aún recuerdo. Muchos de ellos fueron entrañables formadores en el marco de las aulas.
Después empecé la carrera de Derecho en la UBA, me recibí de Periodista Deportivo, estudié Publicidad en la UADE y ahora estoy cursando Sociología en la UNQ. En todos y en cada uno de esos lugares me encontré con profesores capaces y de los otros; con algunos cuyas clases eran una invitación al asombro; con otros que se permitían romper la asimetría de la relación con el alumno en nombre de una mejor llegada... Disfruté a muchos y padecí a unos pocos.
Pero en ese recorrido que ya lleva tres décadas conocí otros maestros, a partir del ingreso al día a día de la profesión. Me crucé con tipos que no necesitaron pizarrón para enseñar. De ellos aprendí lo mejor: un puñado de leyes no escritas; algunos secretos respecto de cómo advertir ventajeros; la certeza de que siempre lo primero es la idea; la capacidad para soportar derrotas; la confianza en que después de un vendaval siempre asoma una oportunidad; el valor de la reunión con amigos como medio para crecer, para conocer; la militancia por cierta bohemia en retirada...
El Flaco Aisenberg fue el primer crack. Un gesto ampuloso y su divina verborragia transformaban un error en una lección. Todo con un sentido del humor eficaz e invariablemente con el término justo. Cuentan quienes comparten cada día con él que aquellas escenas no perdieron actualidad.
Casi en simultáneo, conocí a Pedrito, el papá de Nacho Uzquiza. Créanme: cada regreso compartido en auto hasta Callao y Arenales, donde me despedía, era una clase de la vida. Y una resurrección de un Buenos Aires con otros códigos, con personajes menos acartonados y menos individualistas.
El Negro Cardozo, amigo de Pedro, resultó siempre un remanso en ese vértigo habitual de los editores. Cada café con él era (y es) un mundo que se revela: aquel Rosario de vivillos queribles, aquel fútbol sin nomenclaturas catastrales (nada de 3-3-1-3 o 4-3-1-2 o 3-5-1-1 como solemos referir ahora), aquella vida en la que había lugar para lo lúdico y para los ritos del barrio.
Más tarde, ya en 2001, llegó Oscar Barnade, aquel Angel del Puerto que leía en la Sólo Fútbol. Redescubrí, gracias a él y con él, un montón de historias encantadoras. Encontré todos los elementos para demostrar que el fútbol no empezó con el Profesionalismo en 1931, ni con la Libertadores en 1960, ni mucho menos con TyC en los 90. Pero sobre todo, Oscar significó un espejo para celebrar un aspecto imprescindible de cualquier tarea: la pasión.
Más cerca en el tiempo, y también por los vaivenes de la profesión, apareció delante mío el inmenso Beto Angeletti: un catedrático de la sencillez. Escucharlo es estar en etapa de formación permanente. Un hombre capaz de contar en cinco minutos y sin vueltas lo que a algunos les viene costando varias temporadas de palabras huecas y aburridas.
Ellos, sin querer, me invitaron a mejorar, a conocer, a hurgar, a mirar, a pensar, a ofrecer. Ellos, también sin querer, resultaron y resultan mis maestros sin pizarrón. Por eso, ahora, Flaco, Pedrito, Negro, Oscar, Beto: brindo mis disculpas por no ser lo bueno que ustedes merecen. Por no entregar razones para su orgullo. Sepan perdonar.
(*) El autor es periodista.
Waldemar Iglesias
Es redactor de la sección deportes del diario Clarín desde 1996, participó de cuatro de los libros publicados por la sección y cubrió diversas competencias internacionales. Ganó el premio Estímulo de TEA/DeporTEA en el rubro Diarios, en 2004. Además, coordina los talleres creativos para escuelas rurales del emprendimiento Los Juglares y escribió junto con uno de esos maestros que él nombra en su columna, Oscar Barnade, el libro Mitos y Creencias del fútbol argentino. Voy a utilizar la palabra de un amigo en común para expresar lo que significa leer a Walde. Andrés Burgo en su blog defelandia.blogspot.com opinó acerca de un texto de nuestro colega que podemos reproducir en este espacio: “Es, como todos los suyos, un artículo bien escrito, interesante para leer y disparador de nostalgias”. Su excelencia como periodista fue el principal motivo para invitarlo a la escritura, pero apoyado por su calidez como persona.
Publicado por Nacho Uzquiza en 12:57 5 comentarios
Etiquetas: Waldemar Iglesias
Manolo Epelbaum - Los "agujeros" de la memoria
martes 20 de mayo de 2008

(*) Por Manolo Epelbaum
Días atrás se realizó en la ABI (Asociación Brasileña de Prensa) una conferencia dada por los columnistas del diario “O Globo” de Río de Janeiro, Fernando Calazans y João Máximo sobre el tema “Fútbol y Cultura”. En una de sus alocuciones Calazans se mostró sorprendido al tomar conocimiento de la falta de memoria de los jugadores que componen la actual selección brasileña, cuando solicitados a dar sus opiniones sobre los ídolos del pasado. Ellos alegaron que aún no habían nacido en la época de la conquista de Brasil de su primera Copa Del Mundo, lo que en realidad es altamente desclasificable.
Hay que recordar que en aquella época, que felizmente viví y acompañé, existieron CRACKS de la envergadura de Zizinho, Nilton Santos, Dino Sani, Garrincha, Zito y Pelé, tanto como para quedar por aquí. Y que a seguir y emular aparecieron nada menos que Tostão, Rivelino, Ademir da Guia, Paulo César, Clodoaldo, Gérson, Carlos Alberto y Dirceu Lopes parando aquí para no ser un engorroso memoriólogo. Y posteriormente surge la generación fantástica que admiró al mundo em la Copa de España em 1982, vencida por Italia en uno de esos intangibles misterios del fútbol, compuesta por Zico, Júnior, Leandro, Toninho Cerezo, Andrade, Adílio, Falcão y Sócrates.
Era una época en que se jugaba dos o más veces por semana entremezclando viajes enormes intermediando los partidos, en los cuales nadie se quejaba de la altitud y de los entornos a ellos actualmente atribuídos.
Hoy día, a los jugadores de fútbol, la prensa brasileña los denomina equivocadamente “atletas”; en mi modesto entender un gran error. Antiguamente, eran denominados apenas “Jugadores de Fútbol”. Actualmente, acotaba Fernando Calazans, la preparación física es excepcional y los tales “atletas” son preparados para correr decenas de kilómetros y no consiguen demostrar la maestría y la categoría que ostentaban los jugadores arriba mencionados. Y es ahí que yo me indago: ¿cómo puede ser que los jugadores citados pudieron jugar dos, tres veces por semana y Róger de Fluminense, Adriano de São Paulo y Souza de Flamengo no puedan demostrar sus “categorías” jugando apenas -o eventualmente- dos veces semanalmente, con la científica preparación física y médica de los días actuales -de la cual no pudieron usufructuar los ídolos citados?
“La memoria es una 'máquina' que tiene que ser diariamente activada”. Esta frase es de mi amigo y hermano Pedrito Uzquiza a quién añoro y extraño profundamente.
Es este un simple -y personal- panorama del fútbol de Brasil que creo es análogo a los de casi toda Sudamérica.
(*) El autor es periodista.
Manolo Epelbaum
Acá sucede lo mismo, Manolo. Los jugadores se quejan si juegan mucho y los técnicos los "cuidan" -o se cuidan ellos- por temor a alguna sublevación. Por eso, el lema es: "un equipo para la Copa, otro para el torneo local". Sólo mantienen el mismo orden de nombres si el encuentro es relevante.
Recuerdo que en el Mundial de Francia '98 a los jugadores de la selección argentina, que en esos tiempo dirigía Daniel Passarella, se les preguntó, en alusión a alguna fecha referente, si recordaban qué hacían de sus vidas durante la dictadura militar. La respuesta fueron risas, bromas, falta de respeto a la memoria. Como en Brasil con sus ídolos, acá el olvido fue con la época más tenebrosa del país.
Manolo es como un padre para mí. Eximio periodista, tiene un curriculum envidiable: fue corresponsal de Goles, Clarín, La Nación, El Gráfico, African Foot-Ball, Boletín de la FIFA, Revista oficial de la Conmebol. Cubrió los Mundiales de fútbol del '86, '90, '94 y '98. En Brasil, trabajo en la revista "Placar", entre otros medios, y actualmente es comentarista en "SporTV".
Publicado por Nacho Uzquiza en 7:43 3 comentarios
Etiquetas: Manolo Epelbaum
Nacho Uzquiza - Payaso mediático
martes 13 de mayo de 2008

Por Nacho Uzquiza (*)
Ésta es la situación: miraba, el sábado, en "Televisión Registrada" el logrado informe acerca de la eliminación de River de la Copa Libertadores. Luego de la proyección de varios tapes que ilustraban el tema, se muestra a un "periodista" del programa Estudio Fútbol de TyCSports enfurecido con el pobre final de su equipo. Con total impunidad, defenestró a los jugadores y al cuerpo técnico. Los llamó "fracasados y perdedores". Luego, por si le faltaba algo al despliegue de anatemas que profirió, les tiró un mensajito: "nunca van a ganar nada" en una postura corporal y verbal profética.
El informe saltaba a declaraciones del delantero de River Sebastián Abreu donde explicaba que “no hay que perder el juicio sobre la situación. Es una derrota deportiva. No es la muerte de nadie. Es una eliminación como tantas otras en la Libertadores”. El periodista del otro lado, rechazó las declaraciones del jugador, aduciendo que era "la peor derrota del equipo de la historia y que se debían tomar medidas contra el plantel".
Una derrota única fue la de River (y lo de única, vale recordarlo, responde a la falta de antecedentes). Es entendible la sensación del hincha, del espectador... Entonces, bien, yo me cuestiono, ¿qué rol está jugando el periodista hoy y acá en la Argentina? ¿de dónde salen estos híbridos de opinólogos que juzgan al fútbol con un pulgar arriba o abajo respondiendo a los designios del rating? Estos personajes televisivos ¿son realmente exigidos por el público, como muchos alegan? ¿responden a una cadena de mando nefasta y algo perversa de “contenidos que se comunican”? ¿o son, simplemente atrofiados que son incapaces de analizar aquellos que han estudiado –esperemos,… queremos creer que estudiaron- en la escuela de periodismo? Un discurso vacío y chato es lo que los caracteriza. Nosotros, que intentamos desdramatizar el espectáculo, debemos detenernos un poco en las palabras de Abreu. Y sacarle drama implica volver al juego. Parece redundante, pero pareciera que hoy en día el fútbol quedó en último lugar y cualquier mentira es el mejor argumento con la que se lo puede discutir. El juego… es imperante que volvamos a él.
Drama, como ya se formuló arriba, es exageración y la exageración se traduce en actos violentos. Porque la violencia se genera en la palabra. Los periodistas, pareciéramos, a veces, descentrados. Y con este discurso dramático nos ponemos en el lugar de culpables. Debemos bogar por mejores espectáculos, por el fair play, porque vuelvan los hinchas a la cancha. Esa, por ahora utopía, la lograremos el día que hayan menos periodistas como los caracterizados anteriormente, serviles a intereses de los de turno y preocupados por encender un mensaje desestabilizador, mediocre. Además, me permito –disculpenme uds.- pensar un poco más este tema y cuestionarme: ¿por qué el hincha-periodista no deposita la misma energía para respetar a los trabajadores en el diario para el que él maneja y se agacha constantemente? Algún día habría que desenmascarar a estos muchachos que critican por un lado y en sus profesiones hacen cosas peores.
Debemos observar la situación de manera más responsable, no podemos increpar a los jugadores de forma chabacana, porque eso aniquila el juego. Aniquila todo lo bueno que el fútbol proporcionaba. Estoy seguro que ninguno de los del plantel de River quería una eliminación, pero son eventualidades del juego. Alguna vez, Gastón Gaudio les preguntó a los periodistas si nunca habían tenido un mal día. Ganar, perder… caras de un mismo partido.
Sigo pensando en voz alta: responsabilidad… comunicar con responsabilidad y con la inteligencia de un profesional que supuestamente está formado en el tema. Y responsabilidad es poder sostener de alguna manera las palabras que salen de nuestras bocas o que escribimos en los medios. Si el público –ojalá suceda alguna vez- posee buena memoria, podrá recordar estas opiniones y devolverlas a quien corresponda… Bueno, eso solo pensar en voz alta.
(*) El autor es periodista y Licenciado en Ciencias Políticas.
Nacho Uzquiza por Fernando Bianculli
En un ambiente gobernado por la mezquindad, personas como Nacho Uzquiza representan un enlace directo a la ética y las costumbres que dignifican el periodismo. Nadie mejor que él para moderar un espacio destinado a la defensa "de los buenos". Nacho (por herencia y convicciones propias) defiende sin licencias valores como la lealtad, la nobleza, la honestidad y la excelencia. Todo acompañado por dos atributos que lo distinguen: el talento y la sencillez. Lo conocí hace pocos años, en la dinámica de la profesión, y rápidamente advertí que se trataba de un tipo entrañable. "Irmao" su amistad me enorgullece...
Publicado por Nacho Uzquiza en 15:09 10 comentarios
Etiquetas: Nacho Uzquiza




