Mostrando entradas con la etiqueta Mariano Suarez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mariano Suarez. Mostrar todas las entradas

Mariano Suarez - La patria massmediática

martes, 24 de marzo de 2009



Clarin y La Nacion, los gendarmes de la patria massmediática, reaccionaron esta semana con previsible virulencia ante el borrador del proyecto de reforma de la ley que regula el mapa de los medios de comunicación (22.285). Alegaron defender una libertad de prensa que retacean puertas hacia adentro.


Examinemos, blanco sobre negro, algunos aspectos del proyecto por debajo de los eslóganes que se esgrimen el gobierno y las patronales empresarias de la industria.


La legislación argentina en materia de radiodifusión admite márgenes de concentración inéditos en cualquier país del mundo. Él control de la acumulación de medios es un imperativo vigente en todos los países capitalistas desarrollados. Por caso, en los Estados Unidos, la tierra del libre mercado, nadie puede ser titular de un diario y una emisora de TV en una misma región de influencia y no se puede alcanzar a una audiencia nacional superior al 35%. La aplicación de una norma de esta naturaleza en la Argentina dejaría fuera de la ley no sólo a Clarín, sino a todos los holdings de medios.


La legislación antimonopólica no es una medida propia de los "populismos latinoamericanos" ni una herencia de prosapia socialista. La regulación del monopolio es la piedra de toque de todo sistema de mercado eficiente. El escocés Adam Smith, teórico del liberalismo económico, afirmaba que el monopolio, forma extrema de la competencia imperfecta, es por naturaleza ineficiente: los competidores establecen precios demasiado altos, obtienen una renta extraordinaria y se despreocupan de la calidad del producto.


El proyecto oficial dibuja algunos indispensables límites al mapa de la cocentración de la industria de medios.


La ley vigente -gracias a las reformas cocebidas por los gobiernos de Menem y De la Rua (1)-admite en apariencia hasta 24 licencias de medios por grupo, aunque en rigor ese número se extiende al infinito si se computa la incidencia de un régimen de facto de transferencias de licencias y la exclusión en el conteo de los servicios de televisión satelital y de cable (2).


El proyecto oficial propone, entre más medidas saludables, limitar a 10 el número de licencias por holding; reducir a un 35 por ciento las cuota de penetración máxima en el mercado de la televisión por cable (3)-; e imponer pautas para controlar la "concetración vertical" (4).


Además, se incorporan elementos indiscutibles como la participación de nuevos actores sociales en el mercado de medios (universidades, ong's, etc), además de establecer pautas mínimas para la producción de contenidos nacionales en los medios, una herramienta directa de defensa del trabajo (5).


Entendemos que el proyecto también exhibe aspectos graves y cuestionables. La apertura del mercado de la radiodifusión a las empresas prestatarias de servicios públicos (y en especial a las empresas de telecomunicaciones) merece -por la envergadura y nivel de facturación de esas empresas- un ajuste más fuerte de las regulaciones del sector para defender a las voces más débiles del escenario mediático (6).


En otro contexto político, o en una democracia madura y genuina -que evidentemente no tenemos-, este mismo proyecto oficial, hoy acusado de ser una herramienta para el control de la prensa y el silenciamiento de los opositores- sería criticado desde las tribunas más ortodoxas y liberales por su benevolencia con la industria de medios.


De hecho, el antiguo -y sabio- precepto legal que les negaba licencias de televisión abierta a los titulares de medios gráficos (el viejo art. 45), hoy resulta una quimera que no integra siquiera los proyectos de reforma más audaces.

El borrador presentado por el proyecto merece ser debatido. ¿Veremos ese debate en la pantalla de TN?


El autor es periodista y abogado especializado en derecho del Trabajo y de las Comunicaciones.


Más sobre este post en http://http://www.elderechodelasbestias.blogspot.com/ y http:// http://www.periodismoprofesional. com



Notas:
(1) El decreto 1062/1998 inauguró un régimen de transferencias de licencias que liberalizó los controles de la autoridad de aplicación. El decreto 1005/1999 elevó de 4 a 24 el tope de licencias acumulables por un mismo titular. La redacción original de la ley contemplana un máximo de 4 licencias.

(2) Los llamados "servicios complementarios de radiodifusión" -entre ellos, la televisión por suscripción- no se computan al efecto del conteo de las 24 licencias. El proyecto oficial revierte este criterio.

(3) La fusión Cablevisión-Multicanal, autorizada en 2008 por el gobierno nacional, le otorga al grupo Clarín el 70 por ciento del mercado del cable. A mediados de la década del noventa existían 1.600 operadores de cable; ahora uno sólo domina el mercado.

(4) El proyecto limita la concentración dentro de una misma línea de suministros. Por ejemplo, prohibe la acumulación de una productora de contenidos con un canal de televisión abierta.

(5) El proyecto exige una cuota de 70 por ciento de producción nacional en radio y 60 por ciento en televisión.

(6) La tradición regulatoria argentina e internacional dividía a la radiodifusión (emisión de ondas en forma masiva) y las telecomunicaciones (conexiones punto por punto). Esa barrera, en su momento adecuada, fue derribada por la tecnología que hoy permite, por un mismo soporte físico, prestar los dos servicios.

Mariano Suarez - Leyes de la dictadura, medios de la democracia.

martes, 29 de julio de 2008


Con el argumento resonante, suficiente (aunque también parcial) que señala que no debe mantenerse en vigencia una ley sancionada por una dictadura militar, el gobierno nacional impulsa la sustitución de la ley de Radiodifusión (22.285), la norma que regula la propiedad de los medios y dibuja los contornos del mapa de la prensa en la Argentina.


Revisar una ley de la dictadura es un imperativo moral irrenunciable. Sin embargo, bien mirada la cuestión, se trata de un enunciado al menos incompleto.


Sólo el gobierno militar 1976-1983 sancionó 1.783 leyes (si admitimos el la infeliz expresión “ley” en ese contexto) y 18.146 decretos. Se estima que un tercio de esas normas está vigente después de 32 años.


Leyes medulares de nuestra democracia fueron sancionadas por gobiernos de facto. La dictadura de Onganía dictó la ley de amparo; la dictadura de Lanusse gestó el Código Electoral que regula las elecciones que hoy celebramos en democracia. El gobierno de Videla, Massera y Agosti diseñó el régimen penal de la minoridad y derogó un centenar de artículos (nunca repuestos, salvo alguna excepción) de la Ley de Contrato de Trabajo.


Esta nutrida legislación de origen represivo merece una inmediata revisión. También, claro, la ley de Radiodifusión, pero sin convertir al enunciado en un slogan, pues, evidencias a la vista, no es esa la razón que motiva su reformulación.


De hecho, los aspectos más antidemocráticos y oligopólicos de la ley de Radiodifusión son producto de modificaciones introducidas después de 1983 (entre ellas, la ampliación de 4 a 24 en el número de licencias acumulables por un mismo titular -decreto 1005/99-).


La letra chica del nuevo proyecto del Ejecutivo (y las coordenadas del mapa de medios que se propone trazar) no se difundieron. Sí los enunciados y propósitos generales del proyecto que, por su naturaleza, son indiscutibles.


El debate está abierto y está por verse la audacia del proyecto oficial sobre un mapa de medios vigente profundamente antidemocrático, que reclama una urgente transformación.
.
El autor es periodista y abogado.

Mariano Suarez - Periodistas y mercaderes

miércoles, 19 de marzo de 2008


Por Mariano Suarez (*).

Un proverbial enunciado de Marshall McLuhan afirma que la información ha dejado de ser un bien destinado a producir otros bienes para convertirse en el principal de los bienes: la información como mercancía. El periodismo deportivo vernáculo es una de las manifestaciones más visibles de esa realidad.
Los recientes hechos violentos del fútbol no representaron una amenaza para la industria, comprometida con esa matriz mafiosa, pero sí obligaron a un aleccionado grupo de amanuenses, disfrazados de periodistas, a silenciar los costados más sensibles del asunto.
Las páginas de deportes de los diarios tradicionales de los últimos días -con dignas excepciones- parecieron diseñadas por los agentes de prensa de los clubes cogobernados por los violentos. Fueron un vulgar producto de una combinación de escribas a sueldo con conglomerados de medios (Clarín a la cabeza) acostumbrados a vivir del silencio y el intercambio de favores oficiales.
Esta simulación del periodismo es la más eficaz negación del oficio. Y es acaso la manifestación de superficie del virulento proceso de concentración de medios, que se registra a escala global y en América Latina con especial fuerza.
En el año 1900, en Estados Unidos, portavoz del derecho a la libertad de expresión, existían 2.033 propietarios de medios gráficos. En 1984, según el informe de Ben Bagdikián, el vasto mercado de medios norteamericano ya estaba controlado por apenas 14 grupos. América Latina ha seguido ese mismo derrotero.
El derecho a la libertad de expresión exige un Estado regulador que asegure la pluralidad informativa. No uno que se constituya en el garante de los negocios privados.
Mientras no haya un mapa de medios más democrático, el periodismo deportivo -terreno fértil por excelencia para el trabajo precario y el adoctrinamiento de dóciles (des)informadores- será un espacio poblado por mercaderes a sueldo.
Sea en Nuñez o en la Boca, se trata de un periodismo de ficción que expulsa cada día genuinos trabajadores de prensa. En sus márgenes, por fortuna, están los blogs.

(*) El autor es periodista y abogado.

Mariano Suarez

Amigo, abogado y compañero. Todas esas cosas es en mi vida Mariano Suarez o el Gorrión como le decimos en la Agencia Nacional de Noticias Télam, empresa donde se desempeña como redactor de la sección Deportes hace varios años. Peleador incansable por la defensa de los derechos de los trabajadores, terco enemigo de los traidores y gran periodista poseedor de una prosa exquisita. Estudiante eterno, está en la búsqueda de su tercer título universitario (Abogado, Licenciado en Ciencias de la Comunicación y proximamente Licenciado en Letras) y su primera maestría (en derecho laboral). Es realmente un gusto que engalane el blog con su comentario.